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Origen de la Coronilla de las Lagrimas de Sangre

Nuestra Señora de las Lágrimas - Fiesta: 8 de Marzo

Campiñas - São Paulo - Brasil

Hermana Amalia de Jesús Flagelado (Amalia Aguirre): Co-fundadora del Instituto de las Hermanas Misioneras de Jesús Crucificado en Campinas - Sao Paulo - Brasil. El 8 de Marzo de de 1930 tuvo la primera Aparición de Nuestra Señora, le entregó Corona de las Lágrimas y Sangre diciéndole “este Rosario alcanzará la Conversión de muchos pecadores, especialmente de los poseídos por el demonio. Una Gracia Especial está reservada para el Instituto de Jesús Crucificado" . Luego ésta coronilla quedaría estrechamente unida a la devoción de la Rosa Mística por inspiración de la Santísima Virgen a Horst Mehring (Co-fundador da la Asociación de OPUS ROSA MYSTICA) y se lo conocería por el mundo entero como Rosario de la Rosa Mystica.

En el Instituto de las Hermanas Misioneras de Jesús Crucificado, cuyo fundador fue el Excmo. Sr. Don Francisco de Campos Barreto, Obispo de Campiñas, vivió la Hermana Amalia de Jesús Flagelado. Así como su contemporánea Teresa Neumann, ella también fue distinguida con los Sagrados Estigmas de Cristo.

La Hermana Amalia perteneció al grupo de las ocho primeras Hermanas y fue co-fundadora del Instituto, dónde recibió el hábito religioso el 3 de Mayo de 1928 e hizo sus votos perpetuos el 8 de Diciembre de 1931.

Cierta vez, la esposa de un pariente de la Madre Fundadora de la nueva Congregación enfermó gravemente. Diversos médicos declararon no haber más posibilidad de ayuda. Con lágrimas en los ojos el pobre marido se quejó: “¿Qué será de mis pequeños hijos?”

Los problemas del afligido padre fueron directamente al corazón de la Hermana Amalia. En el mismo instante ella pensó en el Divino Salvador y sintió entonces un impulso interior que la llamaba hacia el Tabernáculo.

Inmediatamente fue para la Capilla, se arrodilló con los brazos extendidos y dijo a Jesús: “Si existe alguna posibilidad de salvar la esposa de T.., yo estoy pronta para ofrecer mi vida por la madre de familia, ¿Qué quiere el Señor que yo haga?”

 En locución interior, Jesús respondió así:

Si desea obtener esta Gracia, pídala a Mí por los merecimientos de las Lágrimas de Mi Madre” La Hermana Amalia continuó: “¿Cómo debo rezar?” Entonces Jesús le enseñó las siguientes oraciones:

 

“Jesús Mío, oíd nuestros ruegos por las Lágrimas de Vuestra Madre Santísima.

Ved, oh Jesús, que son las Lágrimas de Aquella que más Vos Amó en la Tierra… y que más Vos Ama en los Cielos.”  

 

Jesús entonces dijo:

"Hija Mía, lo que los hombres Me pidan por las Lágrimas de Mi Madre, YO amorosamente concedo, Más tarde, Mi Madre entregará este Tesoro para nuestro querido Instituto, como una señal de Su Misericordia.” (08/11/1929)

El 8 de Marzo de 1930, la Hermana Amalia tuvo una Aparición de Nuestra Señora, que se presentó con una túnica violeta, un manto azul y un velo blanco que cubría Su pecho y hombros. Se deslizó en dirección a la Hermana, sosteniendo en Sus Manos un Rosario blanco brillante, que le entregó diciendo:

“Este es el Rosario de Mis Lágrimas, que fue prometido por Mi Hijo a nuestro querido Instituto como parte de su legado. ÉL también ya le dio las Oraciones. Mi Hijo Me quiere honrar especialmente con esas invocaciones, más allá de eso, ÉL concederá todos los favores que fuesen pedidos por los merecimientos de Mis Lágrimas. Este Rosario alcanzará la Conversión de muchos pecadores, especialmente de los poseídos por el demonio. Una Gracia Especial está reservada para el Instituto de Jesús Crucificado, principalmente la Conversión de varios miembros de una parte distante de la Iglesia. Por medio de este Rosario el demonio será derrotado y el poder del infierno destruido. Ármense para la Gran Batalla.”

El Excmo. Sr. Don Francisco de Campos Barreto, Obispo de Campiñas, aseguró que no solamente en Brasil, sino también en otros países, innumerables Conversiones ocurrieron en virtud del uso de la Medalla de Nuestra Querida Señora de las Lágrimas, la cual fue revelada a la Hermana Amalia en nueva Aparición, el 8 de Abril de 1930.

La Imagen

El Manto Azul

“¿Por qué uso un Manto Azul? Para que te acuerdes del Cielo, cuando estuvieres exhausta por los trabajos y cargada con la cruz de las tribulaciones.

¡Mi Manto te recuerde que el Cielo te dará felicidad indecible y alegría eterna y esto debe dar ánimo a tu alma y paz a tu corazón, para continuar la lucha hasta el fin! Desear el Cielo, amada Mía, es una dulce consolación, pues el alma fue creada para gozar de esta felicidad, y debe acordarse de ella y desearla. Dios creó el Cielo para sus hijos y ¿por qué no han de pensar en él? Este Cielo es Dios mismo, por lo tanto desearlo es desear a Dios. Deseando darte ánimo, Me presenté a ti revestida de Azul. Así, cuando Me contemplares, acuérdate del Cielo que encontrarás después de este peregrinar. No seas egoísta, cuando traigas a alguna persona a los pies de Mi Imagen, cuéntale lo que te conté, para que todos tengan la misma consolación.  Al mirarMe fijamente cuéntales que Yo Soy Madre de todos los hombres, de los más pobrecitos y hasta de los criminales. Todos tienen derecho de llamarMe Madre, porque por todos los hombres Jesús expiró en la Cruz. Alma misionera, no te olvides del significado del Manto Azul de tu Madre Lacrimosa. Aprende y transmite a todos los hombres de buena voluntad.”

La Túnica Violeta

“¿Conoces el significado de Mi Túnica rojo-violeta? Voy a explicarte lo que debes recordar, delante de esta Imagen Mía de las Lágrimas. En los colores que usé, el rojo significa dolor. El dolor que Jesús sintió cuando golpearon bárbaramente Su Cuerpo. Mi corazón de Madre y Mi Alma también fueron dilacerados por el dolor, al ver a Jesús. Cuando vieres a Mis Pies, viendo Mi túnica, acuérdate de cuánto Yo sufrí. Haciendo la meditación de Mis Dolores, ganarás fuerza para tu alma más allá de merecer el privilegio que a ellas fue concedido, que es la liberación de las penas del Purgatorio. Meditar en cuánto Yo sufrí por tu amor, es un deber de gratitud. Graba bien en tu corazón estas lecciones, porque ellas te darán fuerza y valentía en esta tierra para que un día puedas estar en Mis Brazos de Madre, que te introducirá en el Cielo.”

El Velo Blanco

“Misionera, voy a explicarte por qué Me presenté con el Velo Blanco, envolviéndoMe el pecho y cubriéndoMe la cabeza. Blanco significa pureza y, siendo Yo la blanca flor de la Santísima Trinidad, no podía dejar de presentarMe sin esta albura. La pureza transforma el hombre en Ángel y esta virtud es tan querida de Dios. Jesús llamó a los puros de bienaventurados. ¡Por ser pura Dios Me escogió como Madre de Jesús, por ser puro escogió a José como Padre Adoptivo, Juan por ser puro reclinó su cabeza en el Pecho Sagrado de Jesús! La Santísima Trinidad quiso así presentarMe a este Instituto, revestida con el Velo de la Pureza, virtud y cualidad de Dios, porque en ÉL todo es puro. Me presenté no solamente con la Cabeza cubierta de blanco, sino, también el Pecho. Esto porque ahí reside el Corazón, ¡del cual nacen las pasiones desordenadas! Por lo tanto, tu corazón debe estar siempre envuelto de esta blancura celestial, que te dará la felicidad de ser morada de la Santísima Trinidad. Graba bien en tu alma estas lecciones, porque ellas te servirán de Luz y Fuerza para poder subir el Calvario y llegar a la puerta de la Jerusalén Celestial en Mis Brazos de Madre.”    

La Corona de Perlas

“Hija, voy a hablarte sobre el Rosario que traía en Mis Manos. Llamadlo de “Corona de las Lágrimas.” ¡Cuando a Mis Pies vinieres, viendo en Mis Manos esta Corona, acuérdate que ella significa Misericordia, Amor y Dolor! ¡Yo Soy la Madre de la Divina Misericordia! Lloro delante de Mi Hijo los pecados de todos los hombres y siempre estoy intercediendo delante del Trono del Altísimo por los pobres pecadores. Cuando un pecador fuere rebelde no queriendo oírte, ven a Mis Pies y pide por Mis Lágrimas Benditas. Si él fuera alma de buena voluntad, alcanzarás de Dios la Gracia de esta alma no perderse. Mi Corona de las Lágrimas también debe recordarte Mi Gran Amor por los pecadores. Siendo Madre de todos los hombres y viendo a muchos perderse, lloré por aquellos que, endurecidos, corren el riesgo de precipitarse en el infierno. ¿Por qué le di el nombre de Corona? Porque Mis Lágrimas fueron coronadas por Mi Divino Hijo; ellas son Benditas y muchas generaciones las exaltarán por los beneficios recibidos por Su intermedio. ¡Mi Hijo Las coronó con tantos privilegios! Jesús dio estas perlas preciosas a este Instituto para que ellas hagan parte de su patrimonio, La Corona de Mis Bendecidas Lágrimas significa que tu Madre te Ama. Usa de todos sus privilegios, desde que recurras con confianza y amor. Alma querida, aprovecha de estas lecciones y medita en el significado de Nuestra Señora de las Lágrimas, YO con todo Amor digo: ¡Soy la Madre de las Misioneras!”  

La Sonrisa de Nuestra Señora de las Lágrimas

“¡Cuando María descendió del Cielo y vino hasta vos, traía en Sus Labios una Dulce Sonrisa, por la inmensa alegría de poder obsequiar a los hombres con tan precioso Tesoro!

La Sonrisa es siempre el desbordamiento de Alegría y Paz, por eso, María quiso traerla en Sus  Labios para mostrar lo que tantas almas experimentarán al rezar esas súplicas tan conmovedoras. He aquí por qué Su Imagen debe ofrecer una dulce sonrisa, que será el bálsamo a las llagas de la pobre humanidad. Te entrego en el día de hoy esta Sonrisa Bendita de Nuestra Madre Lacrimosa. ¿Madre Lacrimosa con Sonrisa? Si, Lacrimosa porque un día Lloró de Dolor y de Amor, pero que, Feliz, entrega como fruto de estas dos causas sublimes, ¡Su Sonrisa! ¡Recibe, por lo tanto, la Sonrisa de María como patrimonio de la amada generación! La Sonrisa de María, que es más dulce que la miel, constituirá también una red, que apañará las almas que desean la Santidad. ¡Ella fascinará millares y millares de almas! ¡Recibid, hijas, las Sonrisas de María! Que ellas sean una realidad en vuestros labios, para que, a imitación de María, podáis mostrar a los hombres que os sentís felices en poder trabajar por amor. Las almas quedarán seducidas, ¡porque la Sonrisa de María a todos seduce! Que este presente de inmenso valor sea aprovechado y que la Sonrisa de Nuestra Madre Lacrimosa no sea olvidada por nuestra generación. Jesús, que hoy te entrega esta dádiva, joya riquísima.”

Mis Ojos inclinados

“Voy a explicarte el motivo por qué aquí Me presenté con Mis Ojos hacia abajo. Pintores inspirados Me grabaron en las telas, vueltas Mis Miradas hacia lo alto, cuando desearon cantar las Glorias de Mi Inmaculada Concepción. ¿Qué significará, ahora, Mis Miradas inclinadas hacia abajo en esta Aparición, en que os entregué Mis Lágrimas Benditas? Significan Mi Compasión por la humanidad, pues Yo descendí del Cielo para traer un alivio a sus males. Mis Ojos siempre estarán vueltos hacia sus penas y aflicciones, toda vez que pidieren a Mi Hijo por las Lágrimas que derramé. Y a los Pies de Mi Imagen vean que os fijo con miradas de compasión y de cariño. Por eso Mis Ojos inclinados, cuando entregué Mi Corona, son los faroles para todos Mis hijos que quisieren honrarMe en Mis Lágrimas. Donde se rece la Corona de Mis Lágrimas, estarán Mis Ojos, para mostrarles Amor y afecto. Donde se recite con amor estas Jaculatorias de Mi Corona, allí estaré como Madre solícita, a apuntarles los errores, invitar a la Virtud y a indicar el Corazón de Mi Hijo Amado. Donde fuera introducida y reine esta Imagen, Mis Miradas cubrirán a todos de grandes Gracias, dándoles, ya en esta vida,  a experimentar Mi Protección consoladora. Ve, como en la Aparición, en que ofrecí Mi Tesoro, todo tiene significado. La inclinación de Mis Ojos representa bien Mi Compasión por los hijos de la Tierra, que siempre invito a buscar Mis Lágrimas, porque ellas os preparan para recibir muchas Gracias. Mis Ojos inclinados son una invitación constante a Mis hijos, la suavísima melodía, que invita a los pecadores y los convierte para el Corazón de Jesús Crucificado. Ahí tienes la explicación: En esta Aparición incliné Mis Ojos sobre la humanidad, pues deseo que ella se Convierta y se Salve atraída por Mis Miradas. Soy Madre complaciente, dulce y llena de Misericordia.” 

Mensajes de Nuestro Señor Jesús y Nuestra Señora concedidas a la Hermana Amalia

“Amada hija, oye atentamente. ¡Soy la Madre Purísima, escogida por el Eterno para ser vuestra Co-Redentora, vuestra Abogada, la Medianera de todas las Gracias, solícita, pronta a socorreros en todas vuestras necesidades! Soy por lo tanto, Madre de los desamparados, de los afligidos, de los enfermos, en fin de todos los hombres, Madre que desea dar con abundancia y que acoge con indecible cariño los pequeñitos y desprotegidos de la suerte.” (Nuestra Señora – 08/12/1930)

 

 

“¡Hijos que estáis en mundo! ¡Subí las escarpadas del Monte Calvario, yendo a buscar estas perlas preciosas, las Lágrimas de Mi Madre! ¡Me costaron Dolor infinito, cuando clavado en lo alto de la Cruz YO La veía llorando con tanta angustia! Subí el Monte Calvario para buscarlas… Si, es necesario subir por encima de sus inclinaciones y voluntades, despreciar el mundo con sus mentirosas promesas, para poder recoger en su alma las perlas preciosas. Os hablo aquí espiritualmente, porque Mi Reino es todo Espiritual. No es la simple agua derramada de los ojos purísimos de Maria. Lo que deseo que recojáis es el Fruto de Sus Angustias, el Dolor de Su Alma y de Su Corazón Maternal, que La hizo derramar tantas Lágrimas, a los Pies de la Cruz. Amados, ¡he aquí porqué ellas Me son tan queridas y por ellas obtendréis todo lo que deseáis! Aprovechad de estas Lágrimas Benditas,  para la Conversión y Santificación de vuestra vida. Son perlas preciosas, porque con mucho Amor os fueron dadas. Os recuerdo que Mi Madre lloró por vuestras almas comprándolas con Lágrimas, cooperando con el Divino Hijo en vuestra redención: YO derramé Mi Sangre y ELLA derramó Sus Lágrimas. Voy a dejar a María que os hable, ¡aprended Sus Santas lecciones y gravad Sus Palabras Amorosas!” (Jesús)

 

“Amados de Mi Corazón. Estamos en el tiempo aceptable de la Misericordia, por lo tanto os hablo de lo alto del Monte Calvario, donde lloré por vuestras almas. A pesar que Jesús Se dejó crucificar para mostrarle a los hombres Si Infinito Amor, muchos no Lo comprendieron y pasaron por este mundo sin sacar provecho de Su Sacrificio.  Mirando hacia los siglos futuros, vi almas apostólicas, llenas de Santo celo, proclamar el Amor de Jesús por los hombres en el Calvario. ¡Lloré de alegría al ver que la Misericordia de Mí Hijo iba a ser comprendida y anunciada la Bondad Infinita de Mi Hijo en siempre Perdonar y Eternamente Amar! Por estas Lágrimas que lloré de Santa Alegría, debéis trabajar con más entusiasmo para ser verdaderamente Apóstoles de la Divina Misericordia. Acordaos de practicar los Santos Consejos de esta escuela de mansedumbre. Es esta la escuela del Divino Crucificado. Mis Lágrimas, las perlas del Calvario, os obligan, por amor, a hablar de la Misericordia de Jesús Crucificado. María, Madre de Jesús y Tesoro vuestro.” (Nuestra Señora – 24/04/1931)

 

 

“Hijos que andáis amargados, venid a María que Ella es vuestra Madre. Cuando suspendido en lo alto de la Cruz, agonizaba entre los dos ladrones, YO dije a Mi Madre querida que lloraba: “María he ahí tu hijo”, viendo en Juan a toda la humanidad. ¡Llora, Mi Madre, por los ingratos que no han de amarMe! Pero un día, Madre Querida, Tus Lágrimas Benditas han de beneficiar al mundo, pues no llorasteis en vano. A todos los que suplicaren: “Jesús mío, por las Lágrimas de Vuestra Madre Santísima”, he de abrir Mi Corazón como abrigo seguro. ¡Cuántas madres y huérfanos han de ser consolados! ¡Cuántas viudas y pobres! Cuántos jóvenes en peligro, adquirirán fuerzas, para no sucumbir a las artimañas del tentador. Cuántas religiosas, prestas a perder su fervor primitivo, se sentirán fortalecidas. A todos vosotros que invocareis Mi Auxilio por las Lágrimas de Mi Madre, en verdad os digo: nada negaré, porque ellas tocan el fondo de Mi Corazón. Vosotros todos que sufrís, ¡venid a María que Ella es vuestra Madre y fue por vosotros que Ella lloró! YO he de exaltar estas Lágrimas Bendecidas para gran confusión del maligno y sus seguidores en este mundo. ¡Suscitaré el celo de muchos apóstoles para darles mayor brillo! Oh Mi Madre Querida, Bendita entre todas la mujeres, Bendecidas son Tus Lágrimas, porque ellas aplastarán la cabeza de la serpiente infernal y han de aplastar siempre que persigan a Mis elegidos. ¡El enemigo jamás podrá vencer a María! De sus emboscadas y artimañas Ella siempre supo prevalecer y hasta el fin ha de Triunfar. María es la Madre que tiene en las Manos un Tesoro y con él quiere enriqueceros. ¡No temáis! Las llaves de Mi Corazón le pertenecen. ¡Vosotros todos que deseáis Mi Gloria, venid a María y, con el merecimiento de Sus Lágrimas Benditas, seréis tan fuertes que jamás criatura alguna os vencerá!” (Jesús)

 

 

“Amado hijos que todos los días repetís con amor el Ave María, la salutación a la Virgen. YO Soy Jesús, Hijo de esta Madre amable. El mundo yacía en las tinieblas del paganismo y el demonio con sus seguidores estaban tomando posesión de los corazones, por eso fue necesario que le Verbo se hiciese carne en el seno de una Purísima Virgen. El Ángel fue enviado a María, flor escogida en el ramaje de las más elevadas virtudes. “Ave María, llena de gracia. ¡Yo te saludo, oh María, porque fuiste la escogida como recipiente purísimo, donde va habitar el Verbo! ¡De gracias estáis repleta! He aquí por qué Nuestro Dios me envió para anunciarte que serás la Madre del Mesías prometido.” María se turbó en Su gran humildad, pero, siempre obediente a las inspiraciones del Cielo, aceptó la Voluntad de Dios. Y el Ángel: “Bendita sois entre todas las mujeres, porque Bendito y Sagrado será el Fruto de tus purísimas entrañas”. Amados hijos, si pudieseis ver como los Ángeles saludan a María en el Cielo; con amor, reverentes y en santa alegría a los Sus pies se colocan para cumplir las ordenes de la Madre amable. María cuando recibe veneración y homenaje, inmediatamente mira para vosotros que todavía estáis en la Tierra, y dice: “¡Si todos Mis hijos Me alabasen con el Ave-María, ninguno de ellos se perdería!” Porque quien saluda a María con el Ave-María, predispone su corazón para recibir el derramamiento de Mis Gracias. María es llena de Gracia, porque fue escogida para ser Mi Madre, por lo tanto tiene en Sus Manos los Tesoros del Paraíso, de los cuales puede dispones en vuestro beneficio. Pero si recibís poco, cuando decís el Ave-María, es porque rezáis sin atención. No es la cantidad que agrada a María, pero si la calidad. María, Mi Madre amadísima, repleta de Caridad, encontrándoMe en Su seno, fue a visitar a Su prima Isabel y esta, sin saber lo que en María se había operado, por Inspiración Divina, la saluda diciéndoLe: “¿Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga visitarme? ¡Oh María, Bendita eres entre todas las mujeres, porque Bendito es el Fruto de tus purísimas entrañas”. Amados hijos, ¿quién reveló estas cosas a Isabel? No la carne, pero si el Cielo, pues, sin saber, dijo a María lo mismo que el Ángel ya Le había dicho. Hijos, ¡si pudieseis comprender el valor de esta salutación bien rezada! ¡Aprovechadla! ¡No desperdiciéis vuestro tiempo y rezadla bien! Si así hiciereis, en la hora de vuestra muerte estaréis repletos de Gracias, para poder entrar en vuestra patria, que es el Paraíso. Cuando saludáis a María con el Ave-María, añadid: “Santa María, Madre de Dios, rogad por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén” Esta bella súplica fue compuesta por un siervo fiel de María, cuando el demonio se levantó queriendo sacarLe el título más bello, que le pertenece: “Madre de Dios”. Mi siervo, divinamente inspirado por el Cielo y en entusiasmo propio de los devotos de María, se manifiesta en esta plegaria: “Santa María, Madre de Dios, rogad por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.” Ved que el “Ave-María” y el “Santa María” no son invenciones humanas, pero si, Divinas, porque fueron dictadas por el Cielo para que así podáis conversar con María, pidiéndoLe todo lo que estáis necesitando.  En Verdad, Ella todo puede, porque tiene en Sus Manos los Tesoros de Mi Corazón, y es la distribuidora de Mis Dones Divinos. Si alguien desea recibir prontamente, Me pida por María, porque es por medio de Ella que doy en abundancia Mis Tesoros. Fue por medio de María, que descendí al mundo y vos abrí las puertas del Paraíso. Es por María que doy a las almas de buena voluntad lo que Me piden. ¡Venid, porque Ella os conducirá a Mí! Amados hijos, animaos a rezar bien la Oración Angélica, que podría llamarse Salutación Divina, porque toda ella fue dictada por Nuestro Amor. Venid a Ella con confianza y amor, por medio de esta bellísima oración, compuesta por la Trinidad, para saludar a Nuestra Amada, MARÍA. Rezad con amor, alegría y con confianza filial la Oración Angélica. Tendréis Mi Amor en vuestros corazones. Jesús, que os Bendecirá Eternamente, si supieseis saludar a MARÍA. (Jesús – 19/08/1931)

 

 

“1. Bienaventurado el hombre que recurre a MARÍA, Mi Madre Inmaculada.

 2. Bienaventurado el hombre que tiene por Madre a MARÍA, Mi Dulce Madre.

 3. Bienaventurado el hombre que tiene confianza en MARÍA, Mi Madre Pura.

 4. Bienaventurado el hombre que tiene a MARÍA, Mi Amable Madre, por Consejera.

 5. Bienaventurado el hombre que Me da todo por MARÍA, Mi Madre Celestial.

 6. Bienaventurado el hombre que hace todo en unión con MARÍA, Mi Madre.

 7. Bienaventurado el hombre que saluda a MARÍA con el Ave-María.

 8. Bienaventurado el hombre que antes de saludarMe, saluda a MARÍA.

 9. Bienaventurado el hombre que saluda a MARÍA, Mi Madre Celestial, tres veces al día con el “Ángelus”.

10. Bienaventurado el hombre que Me ofrece las Lágrimas de MARÍA.

11. Bienaventurada la Congregación que tiene a MARÍA, Mi Madre, como Riqueza.” (Jesús)

 

 

“Hija Mía, estoy aquí a tu lado. ¿Por qué estás afligida? ¿No sabes que Yo siempre estoy a tu lado? Yo Soy la Madre de los afligidos y se que los pobres hijos tienen necesidad de los Consejos de la Madre del Cielo. ¡Ven aquí, hija, a Mis Brazos! ÓyeMe con atención y de aquí saldrás con Fuerza para soportar las amarguras de la vida.Vamos juntitas a los Pies del Amado Jesús, en el Sagrario, donde por tu amor está ÉL encerrado. Yo Le voy a decir que, por amor, tu sufres para salvar almas, ¡Jesús quedará contento! Querido JESÚS, aquí estamos a Tus Pies, Tu Madre y esta alma saturada de dolor, para decir que Te amamos. Como sé que gustas tanto recibir por Mis Manos, recibe, Hijo, sus dolores, sus sufrimientos y sus angustias, todas ellas son por amor. Feliz el alma que, en medio de sus sufrimientos, a Mí recurre, para que Yo la conduzca. Yo Soy el Camino que lleva a Jesús. La cruz Yo no la saco, porque entonces iría contra los Planes de Jesús, pero cada día le doy fuerza para cargarla con amor. Lo que hago contigo, hago con todas las almas que confían en Mí. Sufrir, hija, para una criatura mortal, es una gran honra que Jesús ofrece a las almas más queridas. Pocas son las almas que comprenden los sufrimientos, ¡muchos piensan que en esa hora son olvidados por Dios! Aquellas que así piensan, invito a meditar en Mi Vida. ¡Yo, la Madre del Hijo Unigénito, fui, después de ÉL,  la criatura que más sufrió en la Tierra! Aprended de Mí que, incluso sufriendo, siempre Alabé a Dios. Alabad, oh almas, cuando sois obsequiadas por el dolor y agradeced por la gran dádiva Divina. ¡Ánimo, alma querida! Acuérdate que Yo estoy siempre pronta para ayudarte. Acuérdate de estos momentos que pasamos juntas al lado de Jesús Sacramentado. Tu Madre, MARÍA, que jamás te olvida.” (Nuestra Señora - 17/12/1930)

 

 

“Hija, voy hoy a hablarte de las Lágrimas de Mi Madre. ¡Durante vente siglos ellas quedaron guardadas en Mi Divino Corazón para ahora entregarlas! Con esta entrega Yo te constituyo Apóstol de Nuestra Señora de las Lágrimas y ¡sé que estás pronta a dar la vida por la difusión de tan Santa Devoción! ¡Ser Misionera de las Lágrimas de Mi Madre es darMe inmensas consolaciones! Dad valor infinito a esas Lágrimas y, con ellas, os que se propusieren propagarlas tendrán la felicidad de robar pecadores del maligno, cuyo odio ha de colocar muchos obstáculos para que ellas no sean conocidas. ¡El mundo tiene necesidad de Misericordia! ¡Y para recibirla no hay dádiva más preciosa que las Lágrimas de Mi Madre! Si las lágrimas de una madre conmueven el corazón de un hijo rebelde, ¿cómo no se ha de conmover Mi Corazón, que tanto Ama esta Madre? ¡Este Tesoro magnífico, guardado veinte siglos, está en todas las manos para con él salvar muchas almas de las garras infernales! Cuando las almas generosas dicen: “Jesús Mío, por las Lágrimas de Vuestra Madre Santísima”, ¡Mi Corazón se abre y hace verter sobre aquellas almas los torrentes de Mi Misericordia! Todos los que se propusieren propagar las Lágrimas de Mi Madre, en el Cielo recibirán una alegría toda especial y alabarán las horas que pasaron divulgándolas. Todos los sacerdotes que difundieren el Poder de las Lágrimas de María, tendrán sus trabajos produciendo frutos de vida eterna y grandes cosas harán por Mi Amor. ¡La difusión de esta riqueza de las Lágrimas de Mi Madre es de mucha importancia para Mi Corazón porque va a darMe millones y millones de almas!  Tu Jesús Crucificado, que en tus manos depositó tan Sagrado y Poderoso Tesoro, del cual debes ser Apóstol incansable y ser capaz de dar la vida por él. ¡Felices los que difundan las Lágrimas de MARÍA!” (Jesús)

 

 

“¡Jesús Ama tanto a los hombres que aceptó quedar aquí encerrado en este pequeño Sagrario! He aquí Su humildad: preso en toan estrecha prisión ÉL, el Rey del Cielo y de la Tierra, aquí permanece para dar el ejemplo y atraer para Sí a Sus queridos hijos. ¡Hasta en el corazón del pecador y del tibio entra sin hacer resistencia! ¡A tanta humillación Se sujeta el Rey de los Ejércitos! ¡Y los hombres no lo conocen! ¡Su Mansedumbre Divina es bien palpable en la dolorosísima Pasión! ¡Lo Coronaron de espinas y ÉL, el Manso Cordero, no dijo Palabra! ¡En Su Crucifixión, silencios sólo pide Perdón para los que Lo Crucificaron! ¡Y también aquí, en este Tabernáculo, cómo ÉL ejerce la mansedumbre! Si Lo reciben corazones sacrílegos Se calla. ¡Jesús Manso desea ser imitado en la mansedumbre para la conquista de los pecadores!”

 

 

 “Almas queridas,  ¡cómo Dios es bueno! ÉL jamás desampara a aquellos que por su amor se sacrifican. Ved a vuestra Madre Dolorosa sustentada por el Apóstol Amado, después de la Pasión, en Mi soledad. ¡Qué dedicación la de Juan para Conmigo! ¡Él hizo todo para confortarMe en Mi inmenso dolor! Me decía:

 

María, no llores, ve que ahora yo soy tu hijo, acuérdate de las Palabras de Jesús: “Mejer, he ahí tu hijo”, “hijo he ahí tu Madre.” ¡Ahora yo soy Tuyo, Tú eres mía!He de hacer Tu Hijo conocido. Sabes, Madre, cuando en la noche de la Cena, coloqué mi cabeza en el pecho de Jesús, ¡qué horizontes se desvelaron! ¡Qué maravilla cuando este Corazón fuere verdaderamente conocido!

 

HáblaMe, Juan, del Corazón de Mi Hijo, cuando reclinaste la cabeza en su pecho. ¡Cómo todas las madres, gusto de oír hablar bien de Mi Hijo!

 

Madre querida, ¡no tengo palabras para describirte el Corazón de Jesús! ¡Tú, mejor que yo, conoces Sus secretos!

 

Si, Juan, en verdad Yo conozco todo. ¡Pero en esta hora de Dolor, prefiero que hables de este Corazón Querido!

 

Cuando, como Apóstol e hijo agradecido, presentí que uno de nosotros Lo iba a traicionar, percibí que el Maestro estaba con el Corazón dilacerado por la ingratitud. Sin demora Lo abracé con tanto amor. Como ÉL fue amable, no me apartó, al contrario, ¡Me dio ocasión de recostar mi cabeza en Su Pecho! ¿Sabes lo qué sucedió? ¡Jesús me abrió Su Corazón y vi cómo será Su Reinado! ¡Qué prodigios, Madre querida! ¡Cuántas almas conquistadas! ¡Qué bello Reinado, Madre querida, cuando este Corazón fuere bien conocido en su infinito amor!

 

Habla, hijo Mío, ¿qué más viste?

 

¡Vi el Corazón de Tu adorado Hijo, con Su Mansedumbre Divina, arrebatar el mundo de las garras infernales, cuando parecía a los hombres que todo estaba perdido! Yo Lo vi esparcir llamas sobre los corazones de buena voluntad e infundir en ellos el amor generoso que acepta sacrificios para salvar muchas almas para el Cielo.

 

Vi más: vi aprovechada Su Sangre derramada en la Pasión. ¡Jesús no sufrió en vano, vi millones y millones de corazones recibir esta Sangre Divina y purificarse con ella! Más aún, Madre querida, vi que este Corazón va ha ser nuestro alimento y el de todas las almas hasta el fin de los siglos.

 

¡No quedamos huérfanos, Jesús quedó con nosotros! Pude ver cómo ÉL va ha ser nuestro sustento con Su propia Carne, Alma y Divinidad. Yo, Madre querida, puedo darte a Jesús. ¡Tú podrás recibir el Cuerpo Santísimo de Jesús, Vivo, porque Jesús nos dio estos poderes en la Última Cena! ¡Cómo eres feliz, María, vas a recibir de nuevo al Amado de Tu Alma, tan realmente como cuando lo veías con Tus Ojos! Ahora no llores más, ¡no estás sola, puedes alegrarte!

 

HáblaMe más, hijo Mío, háblaMe de la Bondad de Jesús. DeciMe, ¿qué descubriste a este respecto?

 

Madre querida, ¿cómo? ¿Qué lengua podrá hablar de la Bondad y Misericordia del Corazón de Tu Hijo Amado?

Oh, ¡no hay lengua humana que pueda contar cuanto el Corazón de Jesús es Bueno!

 

Pero al menos háblaMe cuanto tú puedas.

 

Madre querida, vi millones y millones de almas fascinadas por la Dulzura y Bondad de Su amable Corazón, y, en esta escuela de mansedumbre, vi millones de vírgenes prepararse para esparcir Su Reinado sobre la faz de la Tierra, ¡esto para los últimos tiempos!

 

¡Vi la Misericordia de este Corazón siempre a Perdonar! ¡Vi tantos pecadores perdonados, tantos afligidos consolados, tantos infelices confortados! Vi tantas almas generosas a aprovechar de la Dulzura de este Corazón y, después, transmitirla para consolar a los desprotegidos, los huérfanos, las viudas. En fin, Madre, amable, vi la faz de la Tierra renovada. ¡El temor no reinará más sobre la Tierra! Los tremendos castigos no visitarán más a los hijos de Adán, ¡porque Tu Amado Hijo, Nuevo Adán, trajo a la Tierra la Misericordia! Y Tú, Madre querida, serás la distribuidora de esta misma Misericordia que reinará de hoy en adelante.

 

Ve, Madre Bendita, ¡cómo somos felices por Jesús haber muerto en la Cruz!

 

Hijas amadas, he aquí lo que Juan Me habló, todo esto Yo ya lo sabía, pues ¿quién más que Yo conocía el Corazón de Mi Hijo? Fue para mostraros Mi gran Dolor que todo esto os conté. Ved como el Buen Dios Me dejó sufrir tanto, pero ÉL que no desampara a nadie Me dio a Juan, como Ángel consolador.

Ahora, almas queridas, ¿no queréis vosotras ser para Mí lo que Juan fue? ¡También hoy gusto que Me hablen de la Bondad y Misericordia de Mi Hijo y que de ella hablen a todos! Primeramente Conmigo, como hizo Juan y, entonces, ¡Yo os enseñaré cómo ÉL es amable y lleno de Misericordia! Yo tengo necesidad de vosotros para que habléis de Jesús y Lo hagáis conocido. Si os sintiereis sin valentía, venid a Mí y os introduciré en Su Amorosísimo Corazón.

Por el inmenso Dolor en Mi Soledad, Yo os pido: difundid la Bondad de Jesús a vuestros hermanos. Sed Mis Ángeles aquí en la Tierra como Juan lo fue, dando a los hombres el Corazón de Mi Hijo. Os Bendice, en Su Soledad, MARÍA, Madre de las Lágrimas.” (04/04/1931)

 

 

“Hijos Míos, ¿no tenéis necesidad de oír a Aquella que cooperó con Jesús en vuestra Redención? Yo Soy MARÍA y vosotros sois Mis hijos, dados cuando Mi Hijo expiraba en la Cruz.

¡Vosotros que perdéis tanto tiempo en conversaciones inútiles, venid a oírMe! Mi lenguaje es agradable, hablo cosas tan lindas. Yo sólo se hablar del Paraíso con sus alegrías y de que allá está lo más precioso: ¡JESÚS Mi Hijo!

Vosotros que deseáis la felicidad y que tanto corréis atrás de ella, ¡venid a Mí! A Mis Pies, entregaos a Mi con confianza filial, recordando que Soy la Madre de la Divina Misericordia y Yo os daré la felicidad que es Jesús.

¡Yo deseo, mucho, que todos sean Santos! ¡Cómo nadie puede ser Santo por su propia virtud, todos necesitan de los socorros celestiales y Yo Soy la dueña de los Tesoros del Cielo. Siendo la Tesorera de Jesús, doy lo que Me pidieren: Mansedumbre, Pureza, Humildad, Generosidad, ¡todo lo que es necesario para ser Santo!

¿Sabéis lo que quiere decir ser Santo? ¡Es ser amigo de Jesús, que tanto os Ama, es amar a Jesús estar en la Presencia de ÉL después de esta vida llena de ilusiones! Vuestra Patria es el Cielo, he aquí lo que digo a los que todavía se dejan engañar por las seducciones del mundo.

No os engañéis: ¡pobres e infelices los que esperan alguna cosa de esta vida, pues tendrán decepción en la hora de la muerte! Prefieran la alegría eterna y la felicidad sin fin. ¡Mis queridos! Yo deseo ayudar a todos, principalmente a los pobres pecadores, que están lejos de los Caminos de Jesús. Abandonad el pasado y vuestras pasiones pues la verdadera alegría sólo la encontraréis en la amistad de Mi Hijo, que para Su Propia Felicidad no necesita de vosotros. ¡Es por Amor que os hablo y por vuestra felicidad eterna tanto lloré! ¿No querréis aprovechar Mis Lágrimas Benditas? ¡Ved, hijitos, que tantas Lágrimas Me costasteis! Vuestra Madre que os Bendice con todo Amor.” (04/04/1931)

 

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Amalia: Estaba un día a los Pies del Divino Maestro, encerrado en el Sagrario, y, teniendo el alma en gran aflicción, pedí a la Madre de Jesús que se compadeciese de mí. Entonces, en espíritu, vi a María que se aproximaba a mí y con una Ternura indecible me dijo:

 

“SígueMe. Quiero mostrarte cuánto sufrí cuando viví en la Tierra.”

 

Me llevó al templo y me dijo:

 

“Ve, hija, aquí en este templo, donde fui educada, comencé a sufrir. ¡Desde tierna edad, renuncié a los cariños de padres tan amorosos!

Viendo Mis compañeras que sólo Me dedicaba a la Oración y al trabajo, ¡la envidia tomó cuenta de aquellos corazones! Comenzaron las acusaciones. Si las maestras regañaban Conmigo, Me acordaba de pedir a Dios que hiciese que ellas se volviesen cada día mansas y humildes de corazón. Tomando para Mí el castigo merecido, alababa a Dios por castigarMe, pedía que jamás volviese a ofenderLo. Todo recibía con profunda humildad, reconociéndoMe culpable. Mis acusadoras un día reconocieron su error y, arrodilladas a Mis pies, Me pidieron perdón.

Aquí en el templo yo trabajaba y rezaba, aprendiendo con gran alegría lo que las maestras Me enseñaban, porque toso quería aprender para agradar a Dios. Mi oración jamás fue interrumpida por el trabajo, pues este era siempre ocasión de unirMe cada vez más a ÉL. ¡Cuantas veces, trabajando, entré en éxtasis profundo sólo por considerar que, de la nada, había salido para volverMe hija de Dios!  

(…)

Quien quiera entrar en el Reino del Cielo, incluso los que tienen la ventura de conservar su inocencia, tienen que sufrir. Jesús también tuvo grandes tentaciones que supo repeler, pero tuvo que luchar, porque era hombre. Ahora, hija, ves que desde la infancia tuve que sufrir. ¿Para qué Dios Me había dado un cuerpo? ¡Para luchar y vencer! Sin esfuerzo, ¿qué merecimiento tendría Yo? ¿Cómo podría aplastar la cabeza de la serpiente, si todo Me fuese fácil? En Mis grandes luchas siempre confié en Dios y la humildad profunda fue Mi arma. Prosigamos. Había llegado la edad en que las jóvenes de aquel tiempo acostumbraban casarse. ¡Pensar en esto Me afligía el espíritu, porque Yo Me había Consagrado de Cuerpo y Alma a Dios, dando Mi virginidad a ÉL para siempre! Cuando tal Me propusieron, no morí de dolor, porque era Voluntad del Altísimo que también en esto sufriese. En esta aflicción fui pronto aliviada, porque ¡el esposo que Me iba a ser dado era también virgen y, como Yo, permanecería en Mi compañía manteniendo nuestra tan querida virginidad! ¿Piensan los hombres que, habiendo Yo sido pura, no tuve luchas? Si nunca hubiese luchado, Mi Hijo no Me podía proponer como modelo de pureza, de humildad, de generosidad, de paciencia y de mansedumbre. Si Yo no fuese tentada, no podría servir de ejemplo y de modelo. La tentación no mancha, al contrario, da al alma un nuevo brillo cuando la persona sabe humillarse y confiar en Dios. Para ser vencida, debe se aceptada con gran humildad. Recurrir a la Misericordia de Dios, fue lo que Yo hice, y por eso ÉL dejó la tentación golpear a Mis puertas. (…)

Hija, ¿para qué tanto sufrimiento? Para mostrar a los hombres el valor de sus almas, pues fue por causa del pecado que el dolor se implantó en el mundo, y es por medio del dolor que el hombre tiene que purificarse (…) Hija amada, ¡jamás cosa alguna negué a Mi Dios, pero, esto no quiere decir que fue sin sacrificio! ¡Oh almas que sufrís tribulaciones y dolores, meditad y ved si hay dolor semejante a Mi inmenso Dolor! ¡Pero no fue sufrido en vano, pues hoy él os pertenece, siendo vuestra riqueza y vuestra consolación! Al contemplar cuánto Yo sufrí, tendréis fuerzas para cargar vuestra cruz. Con Mi sufrimiento, Me volví Co-Redentora de vuestras almas. Prosigamos, subamos más, ¡vamos al Pié de la Cruz, dónde Mi Corazón Materno recibió la espada más cruel! Ver a Mi Jesús clavado en una Cruz, ¡maldecido por los hombres como si fuese un criminal! Mi Hijo en la agonía de la muerte… ¡Y Yo sin poderLe dar al menos una gota de agua, allí en pié sin poder apretarLo contra Mi Corazón, sin poder enjugarLe las Lágrimas, ni poder decirLe que Lo Amaba, en cuanto los hombres Lo despreciaban. Yo allí estaba para demostrarLe que tenía una Madre a Su lado. ¡Nada Le pude hacer! Soy vuestra Madre, porque en la Cruz, cuando Mi Hijo agonizaba, Me proclamó vuestra Madre. Si, ¡angustias terribles Me costasteis! ¡Sé cuánto sois amados por Jesús, porque fue en la hora más tormentosa, que Me legó vuestras alma, para que de ellas tomase cuenta y sobre ella derramase los frutos de la Sacratísima Pasión!  ¡Ahora, hija, sabes cuánto tú Madre sufrió!” (Nuestra Señora – Octubre de 1930)

 

 

Pregunté un día al buen Dios: ¿Por qué ciertas almas, que viven en vuestro amor, temen la muerte? ¿No es ella la puerta del Paraíso? He aquí lo que Jesús me respondió:

 

“Hija Mía, la muerte es temible porque es el castigo del pecador. Pero hay una Luz que ilumina: ¡Mi Madre! ¡En la agonía de la muerte, cuando el enemigo se levanta para robarMe almas, he aquí que Mi Madre brilla, cual lucero luminoso y les muestra que es Madre también de los pecadores y que ha de abogar pro ellos delante el Tribunal Divino! Si hijos Míos, cuando recitan, “Santa María, Madre de Dios, rogad por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”, si rezasen bien en la vida, no tendrían miedo de morir. Quien es verdadero devoto de Mi Madre, muere con una sonrisa en los labios, porque Ella asiste a todos Mis hijos en la hora de la muerte. En esta hora suprema Ella viene a asistir a los pobres pecadores para ver si al menos  consigue ablandar sus corazones endurecidos. ¡Cómo Me agradan los corazones que en Ella confían, porque todavía tengo la esperanza de salvarlos! Quien conoce esta Madre amable y La invoca en la vida con confianza, en medio de la agonía, encontrará este farol luminoso, que le mostrará las Puertas del Paraíso.” (Jesús – 17/07/1930)

 

 

“En Verdad, te digo que del Cielo no sale cosa alguna sin pasar por las Manos de María.” “¡Únete a Ella y pide por intermedio de Ella! “Haced lo mismo, también vosotros, almas todas que Me leéis, y vuestras plegarias serán pronto oídas y los frutos serán de Vida Eterna. Jesús, vuestro Todo, por Manos de María. (16/02/1931)

Corona de las Lágrimas de Nuestra Señora

(Enseñada en Campiñas a la Hermana Amalia)

 

La Hermana Amalia perteneció al Instituto de las Hermanas Misioneras de Jesús Crucificado, cuyo fundador fue el Excmo. Sr. Don Francisco de Campos Barreto, Obispo de Campiñas, integró el grupo de las ocho primeras Hermanas y fue co-fundadora del Instituto, dónde recibió el hábito religioso el 3 de Mayo de 1928 e hizo sus votos perpetuos el 8 de Diciembre de 1931.

 

El Rosario de las Lágrimas tiene 49 pequeñas cuentas blancas divididas en 7 partes. Es semejante al Rosario de los Siete Dolores de María y tiene, en el lugar de la Cruz, la Medalla de Nuestra Señora de las Lágrimas.

 

Oración Inicial:

Hemos aquí a Vuestros pies, oh dulcísimo Jesús Crucificado, para ofreceros las Lágrimas de Aquella que, con tanto Amor, Vos acompañó en el Camino Doloroso del Calvario. Haced, o Buen Maestro, que nosotros sepamos aprovechar la lección que ellas nos dan para que, realizando Vuestra Santísima Voluntad en la Tierra, podamos un día, en los Cielos, alabaros por toda la Eternidad. Amén

 

En las Cuentas del Padre Nuestro se reza:

Ved, oh Jesús, que son las Lágrimas de Aquella que más Os Amó en la Tierra… Y que más Os Ama en los Cielos.

 

En las Cuentas del Ave-María se reza:

Jesús mío, oíd nuestros ruegos.

Por las Lágrimas de Vuestra Madre Santísima.

 

Al Final de la Corona:

Ved, oh Jesús, que son las Lágrimas de Aquella que más Os Amó en la Tierra… Y que más Os Ama en los Cielos. (Repetir 3 veces).

 

Oración Final:

Virgen Santísima y Madre de los Dolores, nosotros Os pedimos que juntéis Vuestros pedidos a los nuestros, a fin de que Jesús, Vuestro Divino Hijo, a quien nos dirigimos, en nombre de Vuestras Lágrimas de Madre, oiga nuestras plegarias y nos conceda, con las Gracias que deseamos, la Corona Eterna. Amén

 

Jaculatorias:

¡Corazón de Jesús Crucificado, Fuente de Amor y de Perdón, por Vuestra Mansedumbre Divina renovad la faz de la Tierra y Reinad en nuestros corazones!

¡Oh Virgen Dolorosísima, Vuestras Lágrimas derrumben el imperio infernal!

 

Meditación de los 7 Dolores de Nuestra Señora

María Santísima:

Meditad muchas veces en Mis Siete Dolores para consolar Mi Corazón y creceréis mucho en la virtud.

 

Oh alma que padecéis, venid cerca de Mi Corazón y aprended Conmigo. ¡Es junto a Mi Corazón traspasado de Dolor que encontraréis consolación! Madres afligidas, esposas amargadas, jóvenes desorientados, meditando en Mis Sufrimientos tendréis Fuerza para atravesar todas las dificultades.

 

Que Mis Dolores os conmuevan el corazón, impulsándoos hacia la práctica del bien.

 

1º. Dolor – La Presentación de Mi Hijo en el Templo

En este Primer Dolor veremos como Mi Corazón fue traspasado por una espada, cuando Simeón profetizó que Mi Hijo sería la Salvación de muchos, pero también serviría para ruina de otros. La virtud que aprenderéis en este Dolor es la de la Santa Obediencia. Sed obedientes a vuestros superiores, porque son ellos instrumentos de Dios.

Cuando supe que una espada Me atravesaría el Alma, desde aquel instante experimenté siempre un gran Dolor. Miré hacia el Cielo y dije: “En Vos Confío” Quien confía en Dios jamás será confundido. En vuestras penas, en vuestras angustias, confiad en Dios y jamás os arrepentiréis de esa confianza,

Cuando la obediencia os traiga cualquier sacrificio, confiando en Dios, a ÉL entregad vuestros dolores y aprehensiones, sufriendo de buen agrado por amor. Obedezcan no por motivos humanos, sino por amor de Aquel que por vuestro amor se hizo obediente hasta la Muerte de Cruz.

 

2º. Dolor – La Huída a Egipto

Amados hijos, cuando huimos hacia Egipto, fue gran Dolor saber que deseaban matar a Mi Querido Hijo, ¡Aquel que traía la Salvación! No Me afligí por las dificultades en tierras lejanas; sino por ver, a Mi Hijo inocente, perseguido por ser el Redentor.

Almas queridas, ¡cuánto sufrí en este exilio! Pero todo soporté con Amor y Santa Alegría por Dios hacerMe cooperadora de la Salvación de las almas. Si fui obligada a este exilio, fue para guardar a Mi Hijo, sufriendo pruebas por Aquel que un día iría a ser la llave de la Mansión de la Paz. Un día estas penas serán convertidas en Sonrisas y en Fuerza para las almas, ¡porque ÉL abrirá las Puertas del Cielo!

Amados Míos, en las mayores pruebas puede haber alegría cuando se sufre para agradar a Dios y por Su Amor. En tierras extrañas, Yo Me regocijaba por poder sufrir con Jesús, ¡Mi Adorable Hijo!

¡En la Santa Amistad de Jesús y sufriendo todo por Su Amor, no se llama sufrir sino Santificarse! En medio del dolor sufre los infelices, que viven lejos de Dios, los que están en su enemistad. Pobres infelices, se entregan al desespero, porque no tienen el confort de la Amistad Divina, que da al alma tanta Paz y tanta Confianza.

¡Almas que aceptáis vuestros sufrimientos por Amor a Dios, exultad de alegría porque grande es vuestro merecimiento, asemejándose a Jesús Crucificado, que tanto sufrió por Amor a vuestras almas!

Alegraos todos los que, como Yo, sois llamados lejos de vuestra patria para defender a vuestro Jesús. Grande será vuestra recompensa, por vuestro SI a la Voluntad de Dios.

¡Almas queridas, adelante! Aprended Conmigo, a no medir sacrificios, cuando se trata de la Gloria y de los intereses de Jesús, que también no midió sacrificios para abriros las Puertas de la Mansión de la Paz.

 

3º. Dolor – Pérdida del Niño Jesús

Amados hijos, procurad comprender este Mi Inmenso Dolor, cuando perdí Mi Adorable Hijo por tres días.

Sabía que Mi Hijo era el Mesías prometido, ¿qué cuentas daría entonces a Dios del Tesoro que Me había sido entregado? ¡Tanto Dolor y tanta Agonía, y sin esperanza de encontrarlo!

Cuando Lo encontré en el Templo, en medio de los doctores, y le dije que Me había dejado tres días en aflicción, he aquí lo que Me respondió: “YO vine al mundo para cuidar de los intereses de Mi Padre, que está en el Cielo.”

¡A esta respuesta del tierno Jesús, enmudecí y comprendí que siendo el Redentor del género humano así debía proceder, haciendo Su Madre, desde aquel instante, tomar parte en Su Misión Redentora, sufriendo por la Redención del género humano!

Almas que sufrís, aprended en este Mi Dolor a someteros a la Voluntad de Dios, que muchas veces os hiere para provecho de uno de vuestros seres queridos.

Jesús Me dejó por tres día en tanta angustia para provecho vuestro. Aprended Conmigo a sufrir y a preferir la Voluntad de Dios a la vuestra. Madres que lloráis, al ver a vuestros hijos generosos oír el llamamiento Divino, aprended Conmigo a sacrificar vuestro amor natural. Si vuestros hijos fueren llamados para trabajar en la Viña del Señor, no ahoguéis tan noble aspiración, como es la Vocación Religiosa. Madres y padres dedicados, aún que vuestro corazón sangre de dolor, dejaos partir, dejaos corresponder a los Designios de Dios, que usa con ellos tanta predilección. Padres que sufrís, ofreced a Dios el dolor de la separación, para que vuestros hijos, que fueron llamados, puedan ser en realidad buenos hijos de Aquel que os llamó. Acordaos que vuestros hijos a Dios pertenecen y no a vosotros. Debéis criaros para servir y amar a Dios en este mundo, y un día en el Cielo Lo alabarán por toda la Eternidad.

¡Pobres aquellos que quieren amarrar a sus hijos, asfixiándoles la vocación! Los padres que así proceden pueden llevar a sus hijos a la perdición eterna y todavía tendrán que dar cuentas a Dios en el último día. Pero, protegiendo sus vocaciones, encaminándolos para tan noble fin, ¡qué bella recompensa recibirán estos padres afortunados! Y vosotros, hijos predilectos que sois llamados por Dios, proceded como Jesús procedió Conmigo: primeramente obedeced a la Voluntad de Dios, que os llamó para habitar en Su casa, cuando dice: “Quien ama a su padre y a su madre más que a Mí no es digno de Mí.” ¡Vigilad si, por causa de un amor natural, dejáis de corresponder al llamado Divino!

¡Almas elegidas que fuisteis llamadas y sacrificasteis los afectos más queridos y vuestra propia voluntad para servir a Dios! Grande es vuestra recompensa. ¡Adelante! Sed generosas en todo y alabad a Dios por haber sido escogidas para tan noble fin.

Vosotros que lloráis, padres, hermanos, regocijaos porque vuestras lágrimas un día se convertirán en perlas, como la Mías se convirtieron a favor de la humanidad.

 

4º. Dolor – Doloroso encuentro en el Camino del Calvario

Amados hijos, contemplad y ved si hay Dolor semejante a este Mío, cuando Me encontré con Mi Divino Hijo en el Camino del Calvario, cargando una pesada cruz e insultado como si fuese un criminal.

 “ES preciso que el Hijo de Dios sea triturado para abrir las Puertas de la Mansión de la Paz” Me acordé de Sus Palabras y acepté la Voluntad del Altísimo, que siempre fue Mi Fuerza en horas tan crueles como esta.

Al encontrarLo, Sus Ojos Me miraron fijamente y Me hicieron comprender el Dolor de Su Alma. No pudo decirMe Palabra, pero Me hicieron comprender que era necesario que uniese Mi a Su Gran Dolor. Amados Míos, ¡la unión de Nuestro Gran Dolor en este encuentro ha sido la Fuerza de tantos mártires y de tantas madres afligidas!

¡Almas que teméis el Sacrificio, aprended aquí en este encuentro a someteros a la Voluntad de Dios, como Yo y Mi Hijo nos sometimos! Aprended a callaros en vuestros sufrimientos.

¡En Nuestro Silencio, en este Dolor inmenso almacenamos para vosotros riquezas inmensurables! Vuestras almas han de sentir la eficacia de esta riqueza en la hora en que, abatidos por el dolor, recurriréis a Mí, haciendo la meditación de este encuentro dolorosísimo. ¡El valor de Nuestro Silencio se convierte en Fuerza para las almas afligidas, cuando en las horas difíciles supieren recurrir a la Meditación de este Dolor!

Amados hijos, ¡cómo es precioso el Silencio en las horas de Sufrimientos! Hay almas que no saben sufrir un dolor físico, una tortura del alma en silencio; ¡desean pronto contarlo para que todos lo lastimen! ¡Mi Hijo y Yo todo soportamos en Silencio por Amor a Dios!

¡Almas queridas, el Dolor Humilla y es en la Santa Humildad que Dios edifica! Sin Humildad, trabajaréis en vano; ved pues cómo el Dolor es necesario para vuestra Santificación.

Aprended a sufrir en Silencio, como Yo y Jesús sufrimos en este Doloroso Encuentro en el Camino del Calvario.

 

5º. Dolor – A los pies de la Cruz

Amados hijos, en la Meditación de este Mi Dolor encontraréis Consuelo y Fuerza para vuestras almas contra mil tentaciones y dificultades y aprenderéis a ser fuertes en todos los combates de vuestra vida.

¡VedMe a los pies de la Cruz, asistiendo a la Muerte de Jesús, con el Alma y Mi corazón traspasados con los más Crueles Dolores!

¡No os escandalicéis como lo hicieron los judíos! Ellos decían: “¿Si ÉL es Dios, por qué no desciende de la cruz y se libra a sí mismo? ¡Pobres judíos, ignorantes unos, de mala fe otros, no quisieron creer que ÉL era el Mesías. No podían comprender que un Dios se humillase tanto y que Su Divina Doctrina clavaba la humildad. Jesús necesitaba dar el ejemplo, para que Sus hijos tuviesen la Fuerza de practicar una Virtud, que tanto cuesta a los hijos de este mundo, que tiene en las venas la herencia del orgullo. ¡Infelices los que, a imitación de los que crucificaron a Jesús, todavía hoy no saben humillarse!

¡Después de tres horas de tormentosa agonía, Mi adorable Hijo muere, dejándoMe el alma en la más negra oscuridad! Sin dudar en un solo instante, acepté la Voluntad de Dios, y en Mi Doloroso Silencio, entregué al Padre Mi inmenso Dolor, pidiendo, como Jesús, perdón para los criminales.

Entretanto, ¿quien Me confortó en esta hora angustiosa? Hacer la Voluntad de Dios fue Mi confort, ¡saber que el Cielo fue abierto para todos los hijos fui Mi consuelo! ¡Porque Yo también en el Calvario fui probada con el abandono de toda consolación!

Amados hijos, sufrir en unión con los Sufrimientos de Jesús encuentra consuelo; sufrir por haber hecho el bien en este mundo, recibiendo desprecios y humillaciones encuentra Fuerza.

¡Qué gloria para vuestras almas, si un día por amar a Dios con todo vuestro corazón, fuereis también perseguidos!

Aprended a Meditar muchas veces en este Mi Dolor, que él os dará Fuerza para ser Humildes: virtud amada de Dios y de los hombres de buena voluntada.

 

6º. Dolor – Una lanza atraviesa el Corazón de Jesús

Amados hijos, ¡con el Alma inmersa en el más profundo Dolor, vi a Longino traspasar el Corazón de Mi Hijo, sin poder decir Palabra!  Derramé muchas Lágrimas… ¡Sólo Dios puede comprender el martirio de esta hora, en el Alma y en el Corazón!

Después depositaron a Jesús en Mis Brazos, no cándido y bello como en Belén… ¡Muerto y llagado, pareciendo más un leproso que Aquel adorable y encantador niño, que tantas veces apreté a Mi Corazón!

Amados hijos, si Yo tanto sufrí, ¿no seré capaz de comprender vuestros sufrimientos? ¿Por qué, entonces, no recurrís a Mí con más confianza, olvidados que tengo tanto valor delante del Altísimo?

¡Porque mucho sufrí al los pies de la Cruz, mucho Me fue dado! Si no hubiese sufrido tanto, no habría recibido los Tesoros del Paraíso en Mis Manos.

El Dolor de ver traspasar el Corazón de Jesús con la lanza, Me confirió Poder de introducir, en este amable Corazón, a todos aquellos que a Mí recurren. Venid a Mí, porque Yo puede colocaros dentro del Corazón Santísimo de Jesús Crucificado, Morada de Amor y de Eterna Felicidad!

El sufrimiento es siempre un bien para el alma. ¡Oh almas que sufrís, regocijaos Conmigo que fui la segunda mártir del Calvario! ¡Mi Alma y Mi Corazón participaron de los suplicios del Salvador, conforme a la Voluntad del Altísimo, para reparar el pecado de la primera mujer! Jesús fue el Nuevo Adán y Yo la Nueva Eva, librando así a la humanidad del cautiverio en el cual se encontraba presa.

Para corresponder, ahora a tanto Amor, sed muy confiados en Mí, no os afligiendo en las contrariedades de la vida, al contrario, confiadMe todos vuestros recelos y dolores, porque ¡Yo sé dar en abundancia los Tesoros del Corazón de Jesús!

No os olvidéis, hijos Míos, de Meditar en este Mi Inmenso Dolor, cuando estuviere pesada vuestra Cruz. Encontraréis Fuerza para sufrir por amor a Jesús que sufrió en la Cruz la más infame de las muertes.

 

7º. Dolor – Jesús es sepultado

Amados hijos, cuánto Dolor, cuando tuve que ver sepultado a Mi Hijo. ¡A cuánta humillación Mi Hijo se sometió, dejándose sepultar siendo ÉL el mismo Dios! ¡Por Humildad, Jesús se sometió a la propia sepultura, para después, Glorioso, Resucitar de entre los muertos!

Bien sabía Jesús cuánto Yo iba a sufrir viéndoLo sepultado, ¡no ahorrándoMe quiso que Yo también fuese participante en su Infinita Humillación!

Almas que teméis ser humillada, ¡ved cómo Dios Amó la humillación! ¡Tanto que Se dejó sepultar en los Santos Sagrarios, a esconder Su Majestad y Esplendor, hasta el fin del mundo! En verdad, ¿qué se ve no Sagrario? ¡Apenas una Hostia Blanca y nada más! ¡ÉL esconde Su Magnificencia debajo de la masa blanca de las especies del pan! En Verdad os digo, ¡no Lo admiráis tanto cuánto ÉL merece, por Jesús humillarSe así hasta el fin de los siglos!

La Humildad no rebaja al hombre, pues Dios Se Humilló hasta la sepultura y no dejó de Ser Dios.

Amados hijos, si queréis corresponder al Amor de Jesús, mostradle que Lo amáis, aceptando las humillaciones. La aceptación de la humillación os purifica de toda y cualquier imperfección y, desprendiéndoos de este mundo, os hace desear el Paraíso.

Queridos hijos, os he presentado estos Mis Siete Dolores, no para quejarMe, ¡sino solamente para mostraros las Virtudes que debéis practicar, para un día estar a Mi lado y al lado de Jesús! ¡Recibiréis la Gloria Inmortal, que es la recompensa de las almas que, en este mundo, supieron morir para sí, viviendo sólo para Dios!

Vuestra Madre os Bendice y os invita a Meditar muchas veces es estas Palabras dictadas porque mucho os Amo.

Del Libro Nossa Senhora das Lágrimas

La Medalla

La Medalla de Nuestra Señora de las Lágrimas realizó numerosas Conversiones no solo en Brasil.

Hubo más noticias todavía de intervenciones singulares y hasta curas milagrosas, gracias a la recitación del Rosario de Nuestra Señora de las Lágrimas. La razón se encuentra en la Promesa del propio Salvador, que no rechaza ningún pedido que Le sea hecho por las Lágrimas de Su Madre Santísima.

 

También en Alemania, Bélgica y Holanda muchas Gracias fueron concedidas a las personas que rezaron durante nueve días seguidos el Rosario de Nuestra Señora de las Lágrimas, recibieron los Sacramentos e hicieron obras de Caridad. Para muchos religiosos y religiosas la recitación de este Rosario se volvió para ellos un hábito muy querido y a él deben muchas Gracias, incluso extraordinarias. Piden por la Conversión de los pecadores, de los herejes y descreídos, por los sacerdotes y misioneros, por los moribundos, y para liberar las almas del Purgatorio.

 

Esta Medalla es oval, se encuentra acuñada en el frente la Imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas y envolviendo su Bellísima Imagen la Oración: “OH VIRGEN DOLOROSÍSIMA, VUESTRAS LÁGIMAS DERRUMBAN EL IMPERIO INFERNAL” del otro lado hay una Imagen de Nuestro Señor Jesucristo y la Oración: “POR VUESTRA  MANSEDUMBRE DIVINA, OH JESÚS MANIATADO SALVAD EL MUNDO DEL ERROR QUE LO AMENAZA.”