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La ROSA y las demás Flores en la Liturgia

LAS FLORES

            1. Legislación

                        El Ceremonial de los obispos recomienda adornar el altar con flores, sobre todo en las grandes fiestas. Las flores pueden ser artificiales, pero deben estar confeccionadas con un material noble, rico (el Ceremonial habla de seda). Por supuesto que en lo posible se han de utilizar las naturales.[1]

 

            2. Historia

                        Ya en la “Traditio” se habla de flores que adornan el altar: específicamente de rosas y lirios.[2]

            Conforme a la costumbre universal se honraban las tumbas de los mártires con flores. Y era lógico entonces que se colocasen luego flores en los altares en los altares, dentro de los cuales se hallaban reliquias de aquellos.[3]

            San Jerónimo alaba a Nepociano, el cual adornaba diligentemente con flores la iglesia... (Cf. Epist. 60 ad Heliodorum)[4]

            Al parecer, en algunos altares antiguos se ven ciertos agujeros en el borde de la mesa, que habrían servido para colocar flores.

 

            3. Simbolismo

                        Evidentemente el simbolismo del que hablaremos se da en las flores naturales, y secundaria y relativamente en las artificiales.

 

                        1. La belleza de las flores fue señalada por el mismo Cristo, al afirmar que ni la pompa de los vestidos reales más hermosos puede comparársele ( El que las había creado, sabía lo que decía...)

                        2. La flor por su color y aroma agrada los sentidos, y es así un símbolo del gozo espiritual.

El IV Dom. de Cuaresma (‘Laetare’) el papa bendecía una rosa de oro: recitaba plegarias especiales, la ungía con el santo crisma. Esparcía sobre ella ciertos agradables aromas, la rociaba con agua bendita y la incensaba. En una de las oraciones pedía a Dios “la alegría y delicias de los fieles, bendecir y santificar esta rosa, tan agradable por su belleza y su perfume, como signo de alegrías espirituales, a fin de que su pueblo, liberado de Babilonia, por la gracia de su Unigénito, tenga desde ahora parte en las alegrías de la Jerusalén celestial. Y como la Iglesia, en honor del nombre divino, manifiesta su alegría por este signo, le conceda una felicidad y piedad verdaderas y perfectas, a fin de que por el fruto de las buenas obras,  imite ella el buen aroma de esta flor, la cual, salida de la vara de Jesé, es llamada la flor de la pradera y el lirio de los valles”.

Dice J. Pascher: “Según León IX, la ceremonia es un acto de culto a la santa cruz. Efectivamente, el año 1049 escribe sobre la rosa que suele ser llevada por Nos y por nuestros antecesores: ‘Porque por este tiempo del año se celebra la victoria de N.S.J.C., que padeció en ti ¡ oh santa cruz!, entonces espantosa, ahora deseable y adorable.” (PL 143, 635). Así parece que la rosa papal hubo de nacer de la costumbre que tenía la población romana de ofrecer rosas a la cruz como signo de veneración. Es posible que se trate en el fondo de una costumbre romana de primavera.

Por lo que se refiere a la predicación sobre la rosa, de ella poseemos ejemplos. Así Inocencio III (1198-1216): ‘El día de hoy todo el oficio está lleno de alegría, todo está cargado de felicidad ... , así se ve también claramente por las propiedades de esta flor, que ofrecemos a vuestra vista: Amor en el color, agrado en el perfume, y hartura en el gusto. Y es así que más que otras flores, la rosa alegra por su color, refresca por su perfume, fortalece por su gusto” (PL 217, 393)[5]  (Pascher, “El año litúrgico, p.94-95).

                        3. Las flores nos representan: así como la flor crece bajo los rayos del sol, necesita de él, así también el cristiano vive de la Sagrada Eucaristía. Las flores, una junto a otra, en torno del sagrario, representan la comunidad orante, ansiosa de alabar a Cristo. Cada flor necesita del agua para vivir, como el cristiano necesita de la gracia, “el agua que salta hasta la vida”; y de ser por el ejercicio de las buenas obras “el buen olor de Cristo”.

                        “Una voz dice: Escuchadme, vosotros que sois prosapia de Dios, y brotad como rosales, plantados junto a las corrientes de las aguas. Esparcid suaves olores, como el Líbano. Floreced como azucenas; despedid fragancia, y echad graciosas ramas; entonad cánticos de alabanza, y bendecid al Señor en sus obras” (Eclo. 39, 17-18)

 

                        4. Hay flores que son símbolos tradicionales en el arte cristiano: la rosa, el lirio, la azucena, etc.

                        La rosa es la ‘flor de las flores’.[6] De ella dice Leclerq: “La rosa ha sido la flor más alabada y admirada por los antiguos y los testimonios de ello son tan variados, tan entusiastas que se ha podido consagrar todo un libro a su historia, en la Antigüedad y en la Edad Media; en Oriente y en Occidente”. (DACL, t. 15, 1, col, 9-14)

                        Los Padres de la Iglesia hablan de ella: San Gregorio de Tours (Hist. Franc. VI, c.44), Fortunato de Poitiers (Carm. 6,8); San Isidoro de Sevilla (Etim. 17, c.9, n.17)

                        La rosa simboliza:

                                   a- El martirio: por su rojo sangre.[7]

                                               Más aun, simboliza al Rey de los mártires, su Pasión, sus llagas, y su Sagrado Corazón.

                                               Al respecto dice San Buenaventura, en su obra “Vitis mystica”:

                        “En el benignísimo Jesús, nuestra Vid, florece la rosa bermeja y encendida. Bermeja de la sangre de la pasión, encendida por el fuego de la caridad, aljofarada con las lágrimas del dulce Jesús ...” (c.15)

                        “Así como la rosa, cerrada con el hielo de la noche, cuando el sol naciente hiere con sus rayos ábrese toda y los pétalos desplegados muestran en su púrpura un cierto ardor apacible; así también la deliciosa flor del cielo, el óptimo Jesús, que desde el pecado del primer hombre estaba como cerrada del frío nocturno, y no suministraba a los pecadores plenitud de gracia, al venir, en fin, la plenitud de los tiempos (Gal. 4,4), encendida con los rayos de ardorosa caridad, se abrió toda de par en par, y la llama de la rosa de amor resplandeció en la púrpura viva de su sangre.”

                        “ Ya ves cómo floreció en Jesús esta flor de rosa. Mira todo su cuerpo; ¿dónde no hallarás flor de rosa? Mira una mano, mira la otra, mira los pies: ¿no ves flores de rosa? (c. 23)

 

                                   b- Se la vincula con el Paraíso celestial, es decir, evoca las dichas eternas. P.ej: Prudencio: “Allí emite toda la tierra suavísimo perfume de las purpúreas rosas ... “ (Cath. 5, v. 113-114); Fortunato: “Floribus aeternis oculos rosa, lilia pascunt” (De Virginitate, l.8, v. 29-30)

 

                                   c- María: flor predilecta en el paraíso de la Iglesia; la más bella, la más perfumada de virtudes; su corona es el Rosario...

 

            * La rosa aparece ya en las catacumbas: en el cementerio de San Ponciano, se ve el bautismo de Cristo, y al lado la cruz en medio de rosas; en la cripta de Lucina, en San Calixto, se ve un árbol, pájaros, y un campo sembrado de rosas; en la cripta de Santa Cecilia, el Papa Urbano, aparece representado en medio de rosas.

            * Finalmente diremos que para los antiguos los derivados de la rosa tenían propiedades curativas o mágicas; p.ej: contra la ebriedad, para calmar dolores de cabeza, etc. (desde Plinio el Anciano hasta santa Hildegarda). Se hacían vinos, vinagres, mieles, etc.

 

            Y qué símbolo más hermoso que los girasoles en nuestros campos: cómo no ver en esas flores que miran siempre al sol una imagen de los cristianos que viven en la dependencia de Cristo, sol de justicia; que lo contemplan para copiarlo, pues cada girasol parece un sol vegetal.

 

            Finalmente, las flores nos deben hacer recordar lo efímero de nuestras vidas, y cómo deben terminar: a los pies de Cristo. (La Virgen dijo a Lucía en una de sus apariciones que aquel que sea fiel devoto de su Inmaculado Corazón será puesto como flor escogida, cerca del trono divino).

 

[1] “Vascula cum flosculis frondisbusque odoriferis seu serico contextis studiose ornata adhiberi poterunt.” (Coerem. episc. l.1, cap. XIII, n.12)

[2] “... sed et aliquoties et flores offerentur; offeratur ergo rosa et lilium, et alia vero non”

[3] Prudencio: “Nos tecta fovebimus ossa / violis et fronde frequenti” (Cathemerion X, v. 169)

[4] “... qui basilicas ecclesiae et martyrum conciliabula diversis floribus et arborum comis vitiumque pampinis adumbrabat”

[5]  En la Edad Media se fabricaban mieles, conservas y ‘aguas de vida’, a partir de las rosas, sobre todo de Provins.

[6]  Strabon, Hortulus ad Grimaldum, PL . 114, col. 1123

[7]  Cf.:  San Cipriano, Ad Mart. 1,8; De opere, et eleemosynis, c.26; San Jerónimo, Ep. ad Eust. 108, 31; Ep. ad Rust., 125, 2; Prudencio, Himno de Epifanía (12, v. 125-128)

Publicado por Brian Moore Ennis

El color Rosa o Rosado en la Liturgia

Los colores litúrgicos son los colores específicos que se utilizan para la liturgia cristiana. Los colores sirven para subrayar las características de un tiempo determinado del año litúrgico, destacar una fiesta o feria determinada del calendario o una ocasión especial.

  • Rosa: Se utiliza potestativamente en la misa del domingo Gaudete (el tercero de Adviento) para indicar la cercanía de Navidad y el domingo Laetare (el cuarto de Cuaresma) por la misma cercanía de la Pascua. Es mezcla del morado con el blanco.

CASULLA ROSA: El color rosa se puede usar en los domingos Gaudete y Laetare (los últimos del Adviento)

 

Gaudete

Es el nombre que recibe el tercer Domingo de Adviento, según el calendario litúrgico.

Gaudete quiere decir regocijaos, y a este día se le define de esta manera pues es la primera palabra que se menciona en la celebración, específicamente en el introito. Se inicia así, pues busca animar al pueblo a continuar con las preparaciones para la Solemnidad de la Natividad del Señor (el día de Navidad).

El color litúrgico (usado en las vestiduras del sacerdote) correspondiente a este domingo es el rosado, no obstante, no es común el uso de este color, por lo que usualmente se continúa vistiendo el color característico del Tiempo de Adviento, el color morado.

 

Laetare

Laetare, nombre que recibe el cuarto domingo de cuaresma, según el calendario litúrgico.

Laetare quiere decir "alegraos". Se inicia así, pues debe entenderse como un descanso durante la cuaresma, que representa el retiro por el cual paso Jesucristo, durante cuarenta días.

El color litúrgico (usado en las vestiduras del sacerdote) correspondiente a este domingo es el rosado, no obstante, no es común el uso de este color, por lo que usualmente se continúa vistiendo el color característico del Tiempo de Cuaresma, el color morado.

Fuente: es.wikipedia.org

 

Una bella tradición seguida por la Iglesia Católica desde hace siglos es la bendición de la Rosa de Oro; una ceremonia que tiene lugar cada año en el cuarto domingo de Cuaresma. El rito de su bend

La Rosa de Oro es un precioso y sagrado
ornamento hecho de oro puro por artesanos
muy diestros que los Papas han acostumbrado
otorgar a ciertas Iglesias ilustres y
santuarios cada año u ocasionalmente, como
una muestra de reverencia especial y de devoción.
Así mismo se ha otorgado a reyes o
reinas católicos, príncipes o princesas, militares
u otra personalidad distinguidas, pero
también a gobierno o ciudades que se hayan
hecho notarios por su espíritu católico y lealtad
hacia la Santa Sede o simplemente como
una marca de estima y afección paternal.
El acto de bendecir la Rosa tiene siempre
lugar en el cuarto domingo de Cuaresma, llamado
domingo de Laetare, al que también se
le denomina Domingo de la Rosa. En éste se
usan adornos y vestimentas de color rosa, en
lugar del color morado de rigor. La palabra
Laetare (Alegraos) alude a la alegría del pueblo
Israelita después de haber sido liberado
del largo cautiverio en Babilonia.
Este rito se realizaba cada año por el Papa en
la Iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén en el
cuarto domingo de Cuaresma y la Rosa bendecida
así era donada al prefecto (Alcalde) de
la urbe (Roma). Ahora la bendición de la Rosa
se realiza en la Cámara de los vestuarios en
el Vaticano y la solemne Misa en la Capilla
Papal.
La fecha exacta de la institución de la Rosa
de Oro es desconocida, quizá antecede al año
1050, cuando el Papa León IX habla ya de la
Rosa como una antigua institución. En 1051
este Pontífice impuso al monasterio de monjas
de Bamberg, en Bavaria la obligación de
enviar cada año la Rosa para ser bendecida
en Cuaresma.
Se tienen nociones más precisas cuando se
le cambió el destino , otorgando la Rosa de

Oro a príncipes e iglesias. El primer cambio
registrado es aquel de Urbano II en 1096,
cuando después de haber tenido en la ciudad
Francesa de Tours el Concilio, pasó a la
ciudad de Angers a predicar la cruzada por
la liberación de los Santos lugares, y donó
Falcones, conde y soberano de aquella ciudad,
la Rosa de Oro. En los siglos sucesivos,
el precioso regalo será destinado a príncipes
que con la gloria de las armas habían servido
a la Iglesia. Tenemos el caso de Alfonso III rey
de Castilla, quien la recibió en 1148 del Papa
Eugenio III y el de Luis VII de Francia al que le
fue donada en 1163, por Alejandro III.

Sobresale la donación hecha
en 1462, la de Tomazo Pelea
Logo, hermano del último emperador de
Oriente, en remuneración por haber dado al
Papa la cabeza de San Andrés apóstol, la cual
se colocó en la Basílica Vaticana.
La Rosa Dorada es un símbolo de Cristo y de
su Augusta majestad quien es designado por
el profeta como “la flor de campo y la lila de
los valles”, su fragancia muestra el dulce olor
de Cristo que debería ser difundido por sus
fieles seguidores, mientras que el color dorado
de las espinas nos hablan de la Pasión
del Redentor.
Hay que señalar que los Papas han
dejado a la rosa diversos significados
místicos, como se demuestra
en los diplomados papales que
han acompañado al regalo y también en los
sermones al conferirla. Pio IX, concedió la
Rosa de Oro a Isabel, Reina de España, explicaba
que el dolor debe significar el perfume
de Cristo, que emana de nuestras
acciones dirigidas a la piedad y justicia.
La rosa entre las flores es la más bella por su
aspecto y la más suave por su fragancia, recuerda
al Redentor, pero también a la Santísima
Rosa de Jericó, la Virgen Inmaculada.
Desgraciadamente no existen muchos ejemplares
que hayan sobrevivido a los saqueos
que han tenido lugar a trevés de la historia
y se han perdido, aunque de aquellos que
han sobrevivido, son magníficos ejemplares
de orfebrería, y que se pueden admirar en el
Museo Sacro de la Biblioteca Vaticana.
El 31 de Mayo de 1966, el Cardenal Confaloniero
entrega la Rosa de Oro a la Basílica de
Nuestra Señora de Guadalupe, conferida por
el Papa Pablo VI.

 

Fuente:

Por Arnoldo Kaisser

Una tradición PLURISECULAR de la Iglesia

Las flores y la vida del hombre

Pedro Calderón de la Barca

(1601–1681)

Estas que fueron pompa y alegría,

despertando al albor de la mañana,

a la tarde serán lástima vana,

durmiendo en brazos de la noche fría.

 

Este matiz que al cielo desafía,

iris listado de oro, nieve y grana,

será escarmiento de la vida humana:

¡tanto se emprende en término de un día!

 

A florecer las rosas madrugaron,

y para envejecerse florecieron:

cuna y sepulcro en un botón hallaron.

 

Tales los hombres sus fortunas vieron;

en un día nacieron y expiraron;

que, pasados los siglos, horas fueron.